Tú estás a mi lado,
ahora que tienes la estatura
de un mirto joven.
El mismo patio de lozas
nos rodea,
con tus caballos de juguete.
Las quebraduras
de lo senil
me pertenecen:
segundos y horas
que hicieron de mi cuerpo
un jardín cerrado
para cualquier visitante,
una fruta arrojada entre
materos con arabescos y
frías torres.
Pero yo te sostengo
fragorosa niña
y no te dejaré caer.
El cuarzo joven
En un recodo del jardín,
hay cristales de cuarzo joven:
quizás tendrán
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ más de mil años.
Es necesario desprenderse de sí mismo
para apreciar esta persistencia
⠀⠀⠀⠀⠀desmesurada.
Luego, contemplo la fotografía donde
perduran unos ojos húmedos.
Pero nada
como la cifra del cuarzo joven.
Es nuestra vida acortada,
la enumeración de ser tan poco: y
sin embargo, y sin embargo.
Siempre me pregunto: cuál
habrá sido el nombre de
la ternura
⠀⠀⠀⠀⠀⠀que no conocí.
Cómo se llamaría su:
«Tú no me importas», que
perdura en la foto
de este frágil recuerdo.
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