"Yorma y mascota", de la serie “Imágenes de La Ceibita”. Caracas, Venezuela, 1980: © Carlos Germán Rojas

Foto-portada: La Ceibita, el cachorro y el mundo tornasol de Yorma

Fecha de publicación: septiembre 1, 2025

“Fotografiar es apropiarse de lo fotografiado. Significa establecer con el mundo una relación determinada que parece conocimiento, y por lo tanto poder”.

Susan Sontag. Sobre la fotografía

Cuanta ternura es capaz de transmitir la imagen de Yorma con su cachorro. Casi todos, siendo niños, hemos deseado vivir la experiencia de tener un gato, un perro, un conejo y sentir que es nuestro, jugar con él, dejarnos llevar por la risa, por el sentido de protección e incluso, ronda en los mayores aquella ilusión que supone que el niño aprenderá a tener responsabilidades si a casa llega un animal que requiere de cuidados.

Una mascota para los niños es la promesa de no estar solos nunca más, de contar con el amigo incondicional que acompañará alegrías y tristezas, y en todo esto surge un concepto muy poderoso: el del otro. El perro, el gato, el ave enseña que en el universo viven otros sujetos que habitan otra piel; la sensibilidad del niño se amplía, el mundo crece, las emociones y los sentimientos toman un cauce diferente. Todos éstos son aprendizajes indispensables que nos permiten vivir en sociedad. La comprensión y el respeto de esa presencia de quien es distinto, pero que tiene derechos precisamente por su diferencia, abona el terreno para el desarrollo de la humanidad. Al decir de Fernando Savater:

“En alguna parte dice Graham Greene que «ser humano es también un deber». Se refería probablemente a esos atributos como la compasión por el prójimo, la solidaridad o la benevolencia hacia los demás que suelen considerarse rasgos propios de las personas «muy humanas», es decir, aquellas que han saboreado «la leche de la humana ternura», según la hermosa expresión shakespeariana.”[1]

***

Carlos Germán Rojas (Caracas, Venezuela, 1953), en el período comprendido entre 1976 y 1983 fotografió la intimidad de su barrio, La Ceibita. Registró su dinámica y en el proceso quedaron retratados los aspectos más variados: la comunidad conformada por “niños, hombres, mujeres, grupos…”[2].

Sagrario Berti en el catálogo Al encuentro, publicado por el Espacio Anna Frank, dice que:  

“La narración visual [de Imágenes de la Ceibita] sigue las pautas establecidas por el otro autor, Claudio Perna[3] (fotoeditor), quien en el texto «Acción perceptiva» organiza explícitamente la secuencialidad de la propuesta bajo un «esquema sintético» –según Zuleiva Vivas en el prólogo– que va de lo general a lo particular”.

Y en esta particularidad, hay unas secuencias tan reveladoras que permiten al “lector”, no sólo adentrarse en El Valle, sino conocer cercanamente a sus personajes. La imagen de Yorma nos cautivó por la inocencia y la ternura de la niña que carga a su cachorro, y, en ese gesto, cuenta una parte de su historia. Los ojos y la boca de Yorma sonríen con placidez, mira a la cámara, sabe que está siendo fotografiada y sube al perro hasta el nivel que permita que también quede capturado en la toma.

La fotografía está centrada en el rostro de la niña y su perro, se ven los vuelos de las mangas de su vestido, pero no el vestido; un collar de conchas pucas, tan de moda por los años 80, adorna su cuello; sobresalen sus zarcillos discretos, tres, como la moda de la década mandaba… si no tuviéramos la fecha de la foto, estos elementos ayudarían a ubicarla en el tiempo.

En nuestro calendario 2025, Rostros de Venezuela, un atlas para los niños, quisimos mostrar la relación que los más pequeños pueden desarrollar con los animales, con el otro, y en cada una de las fotografías del mes de septiembre, sobresale como elemento común, la dulzura de la humanidad, la delicada interacción de los niños con sus mascotas. Al elegir a Yorma y su mundo tornasol, también hicimos una invitación a conocer las Imágenes de La Ceibita, el barrio de Carlos Germán Rojas, que gracias a su trabajo se hizo de la universalidad que le permitió el fotolibro. Por él supimos del “Abasto carnicería La soledad”; de la cancha donde jugaban los “muchachos”, subimos las escaleras empinadas y asistimos a la construcción de la casa de “Nila Ramírez”; los perros pasearon por las “escaleras Nube azul”; los más pequeños volaron sus papagayos, jugaron chapita y la ciudad pudo ser mostrada “desde arriba”; “Freddy, el músico” prestó sus notas a las fiestas; conocimos la casa de Sor Teresa, donde pervivían en sus paredes la Mona Lisa, Simón Bolívar y Buda.

Cada fotolibro narra, descubre el trabajo de un autor, cuenta historias y “aunque la imagen no es la realidad, al menos es su analogía perfecta”, tal como afirmó Roland Barthes[4].

Nuestro deseo es que haya muchas Yorma, con muchos cachorros y otros tantos Carlos Germán, y que el mundo siga siendo revelado y legado.


[1] Savater, Fernando. (2001). El valor de educar. En Educere, Vol. 5, Nº 13. Mérida, Venezuela: Universidad de los Andes.

[2] Perna, Claudio; Rojas, Carlos Germán. (2002). Imágenes de la Ceibita. Caracas: Banco de Desarrollo Económico Social de Venezuela.

[3] Claudio Perna (Italia, 1938 – Cuba, 1997), geógrafo, docente, fotógrafo, artista conceptual, fotógrafo; fundador del Archivo Audiovisual de la Biblioteca Nacional.

[4] Barthes, Roland. (1977). Image-music-text.

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