El Archivo

Lila Morillo. 1970

Fecha de publicación: septiembre 26, 2016

Por el estudio de Tito Caula, en Altamira, solían caer a cada rato las figuras del momento. Tanto los candidatos a cargo de elección popular como las celebridades de la escena y el modelaje. En el envés de esta fotografía dice: “Lila Morillo. Circa 1970”. Y con toda seguridad a ese año corresponde este retrato que la estrella zuliana ha debido pasar a tomarse para promocionar la telenovela que tenía al aire.

Se llamaba María Mercé, La Chinita y era obra de la escritora cubana Inés Rodena, quien la había escrito originalmente para la radio con el título de María Mercé, la mulata porque su protagonista era también mestiza, pero producto de la mezcla de blanco y negro y no de blanco e indio, como eran los ingredientes del cóctel encarnado por Lila Morillo.

Era la historia de María Mercé, una joven campesina que se ganaba la vida como lavandera. En esas lides conoce a un buenmozo abogado venido de la capital, quien la envuelve con requiebros y boberías, hasta que él tiene que regresar a la ciudad y se despide con juramentos que naturalmente no tarda en olvidar. Muy pronto conoce una mujer rica con quien se casa y a María Mercé si te he visto, no me acuerdo. Cuando ella descubre la verdad, pone sus ojos en otro hombre, esta vez bueno y sincero, pero empatado con una muchacha frívola. Los roles fueron desempeñados por Lila Morillo en el papel de la humilde chica que restriega sábanas mientras canta con una de las voces más afinadas que se hayan escuchado jamás, Carlos Cámara era el muérgano engañador, la bella y refinada Agustina Martín era la millonaria que se vale de su fortuna para atraer al tipo que le gusta y Jorge Palacios, entonces recién llegado de España y con el acento vivito, era Sergio, el guapo español que va a hacer de cucarachón de María Mercé. Componían también el elenco María Teresa Acosta, Julio Capote, Verónica Doza, Julio Mujica, Flor Ascanio y Adela Romero, entre otros. Tiempos gloriosos de la televisión venezolana.

Inés Rodena Collado, la escritora, nació en La Habana en 1905. Cuenta su leyenda que antes de ser dramaturga era enfermera. Y del desempeño de ese oficio, pródigo en cuentos, le vino la vocación de narradora. Su primer seriado para la radio cubana fue La Gata, en los años cincuenta. Esa historia se hizo en Venezuela para la televisión en 1968, con las actuaciones de Peggy Walker, Manolo Coego y Belén Díaz. Un año después, en 1969, Inés Rodena se fue a Radio Caracas Televisión y en 1970 sale al aire María Mercé.

En 1963, Lila filmó Twist y crimen, de Arturo Plascencia, donde no era la única que cantaba. También lo hacía, entre otros, Estelita del Llano, quien en esa cinta grabó su celebre bolero ‘Tú sabes”. En 1964, Lila protagonizó Isla de sal, el primer largometraje de Clemente de la Cerda, donde compartía cartel con Simón Díaz.

¿Indiecita sumisa? ¡Ja!

Para el momento en que Lila Morillo acepta encabezar el elenco de María Mercé ya era una artista muy popular en todo el país y estaba abriéndose paso en el extranjero. Su éxito se cimentaba en su gran talento como cantante y en su personalidad. Ella siempre ha explotado su origen indígena, pero no como lo impone la concepción generalizada de la mujer aborigen, según la cual es una especie de fiadora de la cultura ancestral y una víctima propicia, objeto pasivo de abusos de todo orden. Lila Morillo, digamos, no se dejó etnologizar: en vez de proyectar la imagen de indiecita arrastrada al chinchorro para saciar apetitos ajenos, se adelantó mostrándose voraz. Mestiza sí, pero ni juguete de nadie ni desganada.

Lila Morillo estuvo entre las primeras figuras del espectáculo nacional en exhibirse con grandes escotes y vestidos provocadores. Sus pechos, de paso, escapan también de toda condena al decaído rincón antropológico. Cuando se casó con José Luis Rodríguez, el 27 de junio de 1966, la famosa de la pareja era ella. Él era conocido, cómo no, pero ella era una estrella y daba la impresión de haberlo escogido y llevado a empujones al tálamo. Sin más rodeos, se presentaba como una hembra muy activa en sus opciones y deseos. La prensa de aquellos años reforzaba esta percepción al divulgar que ella imponía a su marido en los contratos. De hecho, la canción de María Mercé, eso que llaman “el tema de la telenovela”, era interpretada por José Luis Rodríguez.

Pero concentrémonos en lo que vio Tito Caula. El curioso peinado, nada cónsono con la lustrosa y pesada cabellera que Lila Morillo luce incluso hoy, es consecuencia de su caracterización de María Mercé, quien iba acicalada con dos trenzas y llevaba ese copete como de ave canora. Da la impresión de que la actriz se soltó las crinejas un minuto antes de la foto y por eso el pelo se ve marcado tras prolongado cepo. Las cejas, completamente depiladas, han sido sustituidas por esta suerte de alas, trazadas con untuoso lápiz. No es cosa, insistimos, de tribu desfalleciente en espera de ayuda. El maquillaje de los ojos, antes que wayúu, parece inspirado en Madame Butterfly, pero con un rabito picarón llamado deliquios en lugar de desgracias.

En 1970, Lila Morillo tenía 30 años. Al menos según la ficha suministrada por el historiador Jesús Ángel Parra, coautor del Diccionario del Zulia:

“Lila Rosa Morillo Bozo nació en Maracaibo el 14 de agosto de 1940. Músico (cantante y compositora) y artista escénica (actriz de televisión y cine)”

Había debutado, según la misma fuente, en Radio Calendario de Maracaibo y a los 14 años se fue a Caracas, donde empezó cantando en los programas Café de la tarde y Carrusel de sorpresas, por Radiodifusora Venezuela. Allí fue donde la vio Mario Suárez, quien ya en 1959 la incluyó como en su conjunto. En 1961 Lila se hizo solista y grabó el primero de los más de sesenta discos.

Nada de diva

Al terminar la década los años sesenta, ya Lila Morillo había conquistado el país. Prueba de ello es que había desembarcado en las telenovelas como protagonista: por arriba. Jorge Palacios guarda muy buenos recuerdos de aquella producción, que según él era de Radio Caracas Televisión. El hecho de que Inés Rodena estuviera en RCTV ese año, así como el testimonio de Palacios, quien insiste en que la telenovela fue transmitida por ese canal (y no por Venevisión, como dice en varias notas disponibles en Internet) deja el asunto en el aire. Dice Jorge Palacios:

“A pesar de que tuvo un gran éxito desde el primer momento, María Mercé, la chinita fue una novela corta. No duró un año, creo que por compromisos de Lila fuera del país. Es una lástima que queden muy pocos registros de esta telenovela, aunque fue la primera grabada en videotape en nuestro país. Pero tampoco se conservaron esas grabaciones. Lila era una muchacha encantadora, muy divertida, simpática y risueña, con mucha vida. Es una persona muy amable y colaboradora. No tenia ninguna pose. Todo lo contrario de lo que se pudiera sospechar de una persona que alcanzó el más alto nivel de popularidad en Venezuela y en América Latina.Yo interpretaba a un muchacho gallego que trabajaba en un abasto y se enamoraba de María Mercé”

El personaje de Jorge Palacios era español porque él tenía poco tiempo de haber llegado a Venezuela. María Mercé se grabó desde comienzos de 1970 y él había llegado a Caracas en 1966:

“Yo venía de vacaciones, a conocer a la familia venezolana de mi esposa Bárbara Teyde. Y a presentar a mi hija, Bárbara, que había nacido en España y ya tenía dos años. A los pocos días de llegar, conocí a Alberto de Paz y Mateo, quien me comentó que también estaba en Caracas Jaime de Mora y Aragón, el noble español hermano de Fabiola, reina de Bélgica, con quien yo había actuado en España en una obra de gran éxito llamada Las personas decentes me asustan, dirigida por Emilio Romero y estrenada en el Teatro Recoletos, en Madrid. Arreglamos un encuentro en los días siguientes con Jaime de Mora, en el Hotel Tamanaco, y al llegar allí, resulta que también estaba Espartaco Santoni. Ellos dos decidieron que Jaime de Mora y yo haríamos la obra en Caracas, con la dirección de Alberto de Paz y Mateos y producida por Espartaco”

En el escenario de Las personas decentes me asustan fueron vistos por los hermanos Amable y Ricardo Espina, quienes estaban creando el Canal 11, con la esperanza vana de abrir una hendija en el bloque que conformaban RCTV y Venevisión. Le propusieron a Jorge Palacios y a Espartaco Santoni que protagonizaran la telenovela El bastardo, con Liliana Durán y Bárbara Teyde, bajo la dirección del chileno Ulises Brener. Dice Jorge:

“Yo era el hijo legítimo, el malo, el que hacía sufrir al pobre bastardo, a cargo de Espartaco. El Canal 11, que no llegó ni a los dos años, quedaba en Santa Eduvigis, en lo que fueron hasta hace poco unos depósitos de Coca Cola y hoy está el Excelsior Gama. Pero antes de que cerrara el Canal 11 ya RCTV me había hecho una oferta. Era una época en que no valía la pena regresar a España, donde tenía trabajo en teatro, cine y TV… pero en pesetas. Mientras que aquí ganábamos en bolívares, que era lo mismo que decir en dólares”

A finales de 1968, Jorge Palacios empezó a trabar en RCTV, en una novela con Eva Moreno. Jorge Palacios confirma que, efectivamente, Lila cantaba en el set, doblando sus propias canciones. Era, como siempre, un espectáculo dentro del espectáculo. Lo sabe porque en 1970 ya era, en la ficción, el enamorado de esta muchachota que Tito Caula observa en el esplendor de un escote apenas insinuado, una dentadura perfecta y esas carnes apretadas que transparentan.

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