El Archivo

Ninfas del lago

Fecha de publicación: marzo 26, 2017

En 1953, cuando fue inaugurado el Hotel del Lago, en Maracaibo, la ciudad estaba servida por muy pocos alojamientos comerciales; de hecho, el nuevo y lujoso edificio vino a desplazar al Hotel Victoria, modesto hostal del centro, con 34 habitaciones, que en su momento albergó a Pedro Vargas y a Alfredo Sadel, y al Hotel Granada, en la carretera Unión, donde se habían hospedado Carlos Gardel, días antes de volar a su última cita en Medellín, y Rómulo Gallegos, cuando fue al Zulia a hacer la investigación para escribir “Sobre la misma tierra”.

Eran hotelitos amables, pero ya se habían quedado pequeños para la demanda de la capital zuliana, finalmente cabeza de un polo petrolero. Y era la época del general Marcos Pérez Jiménez, quien se había propuesto desarrollar el turismo en Venezuela y adelantaba la construcción de hermosos hoteles en enclaves con tal posibilidad, como el Tamanaco, en Caracas; el Miranda, en Coro; el Tama, en San Cristóbal; el Cumanogoto, en Cumaná y en Maracaibo, uno que mirara al estuario por donde pasan con toda parsimonia los buques que cargan y descargan petróleo.

Fue así como el 14 de agosto de 1953, en terrenos de la compañía Constructora Moderna, en la avenida costanera El Milagro, propiedad de los hermanos Manuel y Samuel Belloso Nava, se inauguró el Hotel del Lago Inter-Continental, construido por iniciativa de la Cámara de Comercio de Maracaibo y de su fundador y primer presidente, Mario Belloso Villasmil.

No solo era el primer hotel cinco estrellas del occidente del país sino la primera edificación con aire acondicionado de Maracaibo. Naturalmente, su apertura fue un acontecimiento. El honor de cortar la cinta correspondió al empresario Mario Belloso, pionero del empresariado farmacéutico del Zulia, pasaría a la historia doblemente, por este relevante aporte a la región y por ser el esposo de la poeta Mercedes Bermúdez de Belloso. Monseñor Rincón Bonilla bendijo el lugar en presencia del gobernador del Zulia, coronel Néstor Prato y del presidente del Concejo Municipal, Jorge Villasmil Barrios, quienes esa noche compartieron con lo más granado de la sociedad zuliana.

El hotel iniciaba sus actividades con 129 habitaciones disponibles —de las 150 que contemplaba la construcción—, bajo la administración de una subsidiaria de Pan Am, la cadena hotelera Inter-Continental. Prueba de la demanda que había venido a satisfacer es que, tal como recuerda el Diccionario General del Zulia, “desde el primer momento tuvo un promedio muy alto de ocupación y en los primeros 12 meses hospedó 49.832 personas”.

Esa gran noche de la inauguración, se sirvió una cena en la terraza La Explanada. Y a medianoche comenzó, por fin, el espectáculo del que hablaba la ciudad con gran expectativa: un show acuático estelarizado por piezas de ballet interpretadas por sirena. No sabemos cómo lucían esas nereidas, pero probablemente eran muy parecidas a estas modelos de las fotografías de Eduardo S. Añez hijo, que atesora el Archivo Fotografía Urbana.

Contundentes mestizas, repletas de curvas por todas partes. Orgullosas, por cierto, de ellas. No solo son prueba palmaria de la salud y de la regularidad de las menstruaciones, sino símbolo de la abundancia del Zulia. Son la encarnación vital, real, de las fantasías del pintor Centeno Vallenilla. En el año 53, ya el bikini había sido inventado por el ingeniero Louis Réard, quien propuso el explosivo bañador de dos piezas en 1946; y, de hecho, la actriz francesa Brigitte Bardot ya lo había usado, en las playas de Saint Tropez y Cannes, antes de aparecer luciendo uno en la película Y Dios creó a la mujer, en 1957. Pero estas mujeronas, muy probablemente empleadas de la industria petrolera, no son tan atrevidas. Para ellas es suficientemente audaz mostrar esa superproducción de muslos. Pero el ombligo es otra cosa. Había llegado la modernidad a las tierras que habían encandilado a Alonso de Ojeda hasta el punto de confundirlas con una Venecia, pero pequeña. Ahora había llegado la grandeza y había que hacerle honores sacando al sol las redondeces, pero eso sí, bien tapadas las verijas, que es como se les dice en el Zulia a las ingles.

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