El Archivo

Pompeyo Márquez, S/f : Foto de autor desconocido ©Archivo Fotografía Urbana

Pompeyo Márquez, a un siglo de su nacimiento

Fecha de publicación: mayo 16, 2022

Este 28 de abril, Pompeyo Ezequiel Márquez Millán hubiera cumplido cien años. No llegó a alcanzarlos, pero casi. Murió a los 95 años, en Caracas, el 21 de junio de 2017. Había nacido el 28 de abril de 1922, en Ciudad Bolívar, donde su padre, quien era, a decir del hijo, «de esos generales chopo e’ piedra», se había radicado para atender una finca ganadera y una embarcación con la que transportaba ganado. Al morir su padre, cuando Pompeyo tenía seis años, la madre se trasladó a Caracas, donde tenía familia.

Esta información, como la que sigue, la obtuve del propio Pompeyo en las varias entrevistas que le hice, donde hizo gala de su conocimiento del país y capacidad de prever hechos y tendencias.

En abril de 2015, como parte de una investigación sobre la historia del periodismo en Venezuela, sostuve un diálogo con Pompeyo Márquez, quien tuvo una de las carreras más prolongadas, intensas, variadas (en cuanto a las actividades del oficio que llegó a desempeñar) y combativas. Baste acotar que se inició en e periodismo cuando todavía era menor de edad y que estuvo entregando sus columnas hasta unos días antes de su muerte. Además de que se presentaba a votar en las elecciones del Colegio Nacional de Periodistas, del que fue fundador, hasta el último evento que lo encontró con vida.

Esa entrevista de abril del 2015 ha estado inédita hasta hoy, cuando, para conmemorar un siglo del nacimiento de ese gran venezolano, compartimos unos fragmentos.

—¿Cómo surge su vocación por el periodismo?

—Por una necesidad política. La primera publicación que hice fue un periódico mimeografiado que se llamaba Juventud. Yo era el secretario político del Partido Comunista en la parroquia San Juan. Esa hoja la trasformamos después en un mensuario que se llamaba El Sanjuanero, que recogía los problemas de los barrios y de las fábricas ubicados en San Juan.

—¿Cómo financiaban estos periódicos?

—En El Sanjuanero, con los avisos anunciantes de la parroquia

—¿Quién era su jefe?

—Nadie. Yo era el director, el corrector de pruebas y el redactor. De muchas notas. Allí colaboraban compañeros como Eloy Torres, Luis Gómez, Mercedes Lobatón… nuestro jefe político era Carlos Augusto León, con quien tuve una amistad muy extensa y quien le debo haberme planificado las lecturas sobre el Renacimiento.

—¿Cómo se formó como periodista?

—Yo me inscribí en el primer curso de la Escuela de Periodismo, cuando se abrió la Escuela con Miguel Acosta Saignes. A los meses de estar funcionando la Escuela, este maestro se lleva a todo el curso a Tribuna Popular para que los estudiantes vieran cómo se hace un periódico sin dinero, y nos encuentra a Gustavo [Machado] y a mí haciendo títulos con tipos móviles.

—¿Qué tipo de periodismo diría usted que ha hecho?

—Yo siempre he hecho periodismo político. Periodismo militante. Todas mis actividades periodísticas están vinculadas a mi actividad política. Yo he fundado, de Juventud en adelante, más de diez periódicos. Nunca he hecho, digamos, periodismo empresarial, en una empresa, pues. Me fui formando al calor de los acontecimientos. El periodismo ha sido mi vida, en muchos sentidos. Un tío mío, que era gomecista y senador de ese congreso gomecista que se heredó a la muerte de Gómez, me mandó a buscar con su chofer; y al llegar a su despacho me mostró, con las manos temblorosas de la ira, un ejemplar del periódico Masas, que yo hacía con otros camaradas y que iba a vender en la sede del Congreso. Mi tío me dijo que yo estaba manchando el nombre de la familia. Después, en el 58, ese mismo tío me dijo que yo estaba manchando el nombre de la familia cuando se supo que Santos Yorme era un tal Pompeyo Márquez. Y resulta que ese era, también, el nombre de mi tío, por quien me habían puesto mi nombre.

—¿Santos Yorme era un personaje periodístico o un personaje político?

—Político. Era el secretario general del partido en la clandestinidad. Era “Santos”, por Santos Luzardo, el de Doña Bárbara (Rómulo Gallegos, 1929); y Yorme era una combinación de Pompeyo Márquez.

—Usted dice que nunca trabajó en una empresa periodística, pero es sabido que fue empleado de El Nacional.

—Pero no como periodista. Cuando empezó a circular El Nacional, en agosto de 1943, Miguel Otero Silva me ofreció 300 bolívares para que me sumara a la plantilla de reporteros, pero su padre, Miguel Otero Vizcarrondo, que sabía que yo era organizador, entre otras cosas, porque yo había sido distribuidor y administrador de El Morrocoy Azul, me llamó y me dijo: “Yo te doy 600 bolívares por la distribución de El Nacional”. De resultas que el primer distribuidor de ese periódico, a escala nacional, fui yo. Desde luego, esta era una actividad colateral. Mientras distribuía El Nacional también estaba en El Sanjuanero, porque yo trabajaba de noche y el día se lo dedicaba al partido.

—¿Cuantas notas al día podía escribir usted en esa época?

—Era común que yo escribiera para varios periódicos a la vez. Tras la fundación, en 1947, de “Tribuna Popular”, órgano del partido comunista de Venezuela, al que yo le dedicaba muchas horas. Tenía que escribir de todo. En la clandestinidad, cargaba mi maquinita de escribir portátil. Cuando me mudaba de una casa a otra, lo primero que cogía era la máquina. A veces escribía hasta hacía seis o siete notas. Era una cosa abrumadora. Escribía mi columna y cinco o seis notas más.

—¿Cuál ha sido su mejor etapa en el oficio?

—Yo diría que varias. Es emocionante escribir en la prensa clandestina, cuando firmaba como Santos Yorme. “Punto” llegó a circular 20.000, 25.000 ejemplares. Eso era bastante para la época.

—¿Hay alguna nota, algo que hubieras hecho como periodista de lo que
se arrepienta?

— Yo no puedo hablar propiamente de periodismo sin hablar de mi actividad política. Por ese camino, me arrepiento del informe de la 6ª Conferencia del Partido Comunista, donde eché plomo a todo el mundo con un sectarismo que me avergüenza. Ese informe… quisiera quemarlo. Afortunadamente, se despareció en una de las tantas mudanzas.

—Si se pudiera volver a nacer, ¿qué repetiría?

—De seguro, no volvería a ser sectario, pero periodista político, sí. En lugar de sangre, yo tengo tinta en las venas. Es mi vocación natural. Empecé editando un periodiquito en multígrafo y hasta el día de hoy sigo escribiendo. En la actualidad, desde que está de director Eleazar (Díaz Rangel, en Últimas Noticias) estoy con la columna y me han respetado todo. Eso sí, volvería a tener los mismos amigos que tuve en el partido comunista. Por cierto, periodistas casi todos.

Lea también el post en Prodavinci.

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