Gran Café de Sabana Grande. Caracas, Venezuela, ca. 1955: Leo Matiz © Fundación Audiovisual Leo Matiz

Foto-portada: El Gran Café en el lente de Leo Matiz 

Fecha de publicación: febrero 27, 2026

«Yo quería hacer arte… Sentí que arte hay en muchas cosas; las manos que trabajan están produciendo, pero tienen arte, [en] la plasticidad de las nubes, la composición, la arquitectura. Todo es un complemento. La luz, gobernar la luz, buscar, aprovechar la luz. Es decir, uno no puede gobernar el sol, pero sí hay un momento en que ese sol es de uno y a mí me pertenece y lo aprovecho (…)»[1]

Leo Matiz necesitaba una cámara para no sentirse en “desbalance”. Así lo declaró mientras una sonrisa avalaba sus palabras.[2]

Este colosal fotógrafo colombiano, nacido en 1917 en Aracataca, supo acercarse a los campesinos como el niño del campo que fue. A las ciudades las dominó desde la bohemia hasta sus edificios de oficinas de arquitectura modernista; las industrias y los cambios que producían fueron, asimismo, material para su cámara.

Matiz enfocaba los rostros y las manos, el andar de sacerdotes por las calles, los pasos de los profesionales llegando a sus oficinas, buscaba la dignidad del fotografiado, según su decir. Nada quedó fuera de su foco. Arados, pobreza, caballos, agendas presidenciales, artistas, desarrollo urbano, todo y todos eran susceptibles de ser tomados por Matiz porque para él cada día era una sorpresa y encontraba en cada fotografía, novedad:

«cada fotografía tiene una nueva experiencia y… tiene un nuevo valor, un nuevo estímulo. No la estimulo yo, me estimula a mí»[3]

Escribe Sagrario Berti en el texto curatorial del libro recién editado en el año 2025 por La Fábrica y El Archivo, titulado Leo Matiz. En Venezuela, 1950-1990:

«El discurso visual de Leo [Leonet] Matiz (Aracataca, 1917 – Bogotá, 1998) estuvo marcado por el desplazamiento. La pulsión de fotografiar en cada viaje se enriquecía de su pasión por la pintura, la caricatura, la xilografía, la acuarela, el cine; se alimentaba de sus vínculos personales y su voluntad por estrechar amistades (…)».[4]

Matiz llegó a Caracas por 1950 invitado por Plinio Mendoza, quien había sido embajador de Colombia en Venezuela. En la casa de Mendoza, tuvo su primer estudio de revelado.[5]

En Venezuela, fotografió Caracas y el campo; la vida cotidiana de la ciudad en crecimiento y sus eventos extraordinarios, como los del 23 de enero, quedaron registrados en sus imágenes que han pasado a ser emblemáticas y por ello de referencia obligatoria.

El calendario del año 2026 Cámara en mano. Fotografía de calle. Antología de maestros en Venezuela, publicado por El Archivo, dedica los meses de marzo y abril a Leo Matiz. La portada del mes de marzo es una imagen del Gran Café de Caracas fotografiado en la década de los años 50.

La fotografía capturó parte de la vida nocturna de la ciudad con sus letreros en las vidrieras: “Salón de té”, “Pastelería”, “Heladería”… Entre tanto, ya el mundo publicitario hacía su trabajo y el empaque gigante de Toblerone pendía desde arriba en una tentadora invitación a comprarlo. A un costado, y casi a modo de poste, brilla el aviso de Cerveza Zulia y, un poco más lejos, junto a la flecha que indica la direccionalidad de la calle, el de Vogue.

Todos los asistentes al Gran Café esa noche, que se nos antoja de clima fresco porque los toldos a rayas están recogidos, vestían con cierta formalidad. Las señoras llevaban vestidos, faldas, suéteres o chales. Los hombres mayoritariamente chaqueta, con o sin corbata. El denominador común, los zapatos que eran de cuero y suela.

Igual que en todas las ciudades cosmopolita, la noche caraqueña también veía luces difuminadas por los efectos ondulantes producidos por el humo de cigarrillos y pipas, tan de moda por aquellos días, tanto como las poses al fumarlos, que daban cierto aire cinematográfico a la escena callejera.

Los mesoneros, en su incansable ir y venir por la acera y dentro del local, vestían con paltós de color blanco, igual que las camisas manga larga que contrastaban con la corbata de lacito negra.

Las mesas estaban a nivel de calle, claro recuerdo de los cafés europeos, de donde tomó la idea su fundador, Henri Charriére, que en un inicio le dio por nombre “Le Grand Café”. Charriére, conocido como “Papillón” por la mariposa tatuada en su pecho y por la novela que escribiera con ese mismo nombre,[6] hizo de este local un éxito desde su fundación a finales de la década de los años 40. El café al aire libre se prestó en seguida para las reuniones informales y su ubicación céntrica, en la Calle Real de Sabana Grande, resultaba más que atractiva para el encuentro. En sus mesas se podía ver desde tempranas horas de la tarde al maestro Luis Alfredo López-Méndez, ataviado con su sombrero, camisa sin corbata, en amena charla con sus amigos de la “peña”, entre quienes se contaba Carlos Eduardo Misle “Caremis”, por ejemplo. Más adelante, sería lugar de charlas de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar o Pascual Navarro. Políticos, artistas, intelectuales, compartían sus espacios mientras comían un club sándwich, tomaban un buen café, una merengada, o una copa.

La fotografía de Matiz registra una escena de ciudad moderna, con vida nocturna y nuevas costumbres; los vehículos estacionaban al pie de calle, aunque la disposición esquinera permitía hacerlo solamente de un lado.

En la actualidad, Caracas muestra otras caras, cambió la Calle Real y se convirtió en boulevard, pero aquel Gran Café de los artistas y los intelectuales, de la vanguardia caraqueña, de la fusión del tiempo, de comienzos del sentido urbano, de la libertad, de las carrozas de Carnaval, de las licencias de todo tipo, permanece intacto en la imagen y sigue conjugando verbos, armonizando palabras – valores-, que también irrumpieron en los años 50 para propiciar los grandes cambios a finales de la década… convivencia y pertenencia, despertar de la multiculturalidad, modernidad y su diversidad necesaria.


[1] Entrevista a Leo Matiz en el programa “Cara a cara. Caracol”. Recuperado en febrero 2026: https://www.youtube.com/watch?v=xAbH8lQi8XU

[3] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Berti, Sagrario. (2025). Leo Matiz en Venezuela, 1950-1990. Madrid: La Fábrica y El Archivo.

[5] https://elarchivo.org/era-una-maravilla-llegar-del-colegio-y-preguntar-esta-leo-matiz/

[6] Título de su novela autobiográfica.

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