Siesta [Mujer con niño en Hamaca]. Península de La Guajira, estado Zulia, Venezuela, 1957: Hellmuth Straka © Archivo Fotografía Urbana

Foto-portada: Hellmuth Straka, el viaje y la fotografía

Fecha de publicación: abril 30, 2026

«Para vivir tenemos que narrarnos…»[1]

Rosa Montero

Tendría unos 13 o 14 años el joven Hellmuth Straka (Checoslovaquia, 1922 – Venezuela, 1987) cuando ya andaba por el mundo con una cámara… y vaya que los tiempos, la historia y la geografía cambiaban por aquellos años 30 en Europa.

La obra y la vida de Straka giraron alrededor de dos ejes fundamentales: el viaje y la fotografía. Esos fueron los afanes de quien se convirtiera, por tesón y talento, en antropólogo y fotógrafo, aunque no se asumiera de tal manera.

Comenta Vasco Szinetar, fotógrafo y curador de la muestra Straka, el viajero, realizada por el Archivo Fotografía Urbana en la Sala Mendoza, que «Hellmuth Straka no tenía la impronta de ser fotógrafo, pero sí la estructura psicológica y visual para serlo».[2] Y en ello, justamente, radica lo trascendental porque sin afanes ni compromisos que justificaran un trabajo fotográfico, no paró de tomar fotografías, de escribir en sus cuadernos que nos recuerdan aquellos de los viajeros de otros tiempos. Hizo dibujos, diagramó rutas, reprodujo figuras de los petroglifos, recortó y pegó fotografías, escribió, una y otra vez. Permanentemente recreaba el mundo y cuanto había visto y fotografiado en sus diarios de viaje.

Straka tomó innumerables fotografías en las cuales sus hijos, su esposa y sus acompañantes fueron modelos y puntos focales. Su mandato era capturar, aprehender lo que sus ojos estaban viendo.
A través de la fotografía de Straka podemos descubrir un país que él, desde la distancia de los años, nos narra. La fotografía en blanco y negro del mes de mayo del calendario 2026 editado por El Archivo, Cámara en mano. Fotografía de calle. Antología de maestros en Venezuela es una muestra de ello.

La mujer de la etnia wayúu que aparece en la imagen está ataviada bellamente: su traje oscuro de pliegues y bordados (wayuushein) realza por la presencia de dos collares de cuentas, aunque un agujero delata el tiempo del ropaje y las condiciones del ambiente. De sus pies asoman las borlas de sus waireñas de gala (zapatos tradicionales wayúu) y el tocado otorga majestuosidad a la mujer que mira frontalmente a la cámara. Tiene asida la mano de un niño que también mira de frente, aunque esconde un tanto su rostro detrás del hombro de ella. Él viste con gorra, pantalón corto y una suerte de alpargatas que se deshilachan sobre sus pies. No hay sonrisas en sus rostros, ella mira tranquila mientras él parece contener el llanto; miran distendidos, sentados en el chinchorro, uno al lado del otro.

A un costado, un perro pasa y el cuadro se completa con el plano de atrás que capta a otra mujer que, curiosa, asiste a la escena. Las columnas que sostienen la vivienda y las cercas son de palos de madera amarrados con fibra vegetal, como el chinchorro. A un lado hay batas guajiras colgadas que suponemos de muchos colores por sus estampas. La tierra bajo los pies se ve concreta por el efecto de los pasos de todos, quién sabe desde hace cuánto.

Estamos en La Guajira, estado Zulia, a finales de los años 50. Straka se había enamorado de las etnias de La Guajira y de la Sierra de Perijá (de todo el país en realidad). Fotografió mujeres y niños, hombres, animales, paisajes, escenas de la vida cotidiana. Siguiendo una pulsión, viajó, fotografió y dio a conocer el mundo que iba descubriendo. En sus fotos hay belleza y asombro.

Hans Belting[3] en su libro Antropología de la imagen (2009),escribe:

«Si la fotografía es un lugar de imágenes inciertas, por otro lado, es también un lugar incierto para las imágenes. Nunca sabemos dónde dejar las fotos que hemos tomado. ¿Debemos exponerlas, colgarlas o coleccionarlas en un álbum?»[4]

Y en este sentido, Straka hizo de sus fotos una colección ordenada con cualidad narrativa. Sus cuadernos de viaje permiten a los observadores en la actualidad reconstruir visiones, lugares, modos de vida y viajar, junto a él, en ese caminar permanente en el que convirtió su vida.

El Archivo guarda en su colección los cuadernos, las fotos y los itinerarios.. para sus imágenes que son parte de nuestro legado, hay sin duda alguna, un lugar cierto en el mundo.

                                                           

***

[1] La ridícula idea de no volver a verte. Seix Barral, 2013

[2] V. Szinetar, comunicación personal, 13 de abril de 2026.

[3] (Alemania, 1935-2023) Historiador de arte, especializado en arte de la Edad Media y Renacimiento, experto en teoría de las imágenes y en arte contemporáneo.

[4] Hans Belting, Antropología de la imagen (Madrid: Katz Editores, 2009), p. 271

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