«… mientras el tiempo está transcurriendo, es posible percibirlo y medirlo; cuando ha pasado, en cambio, es imposible, porque no existe.»
San Agustín. Confesiones
¿A dónde iban los enamorados del último asiento del autobús, inmortalizados por Ricardo Jiménez?, ¿el conductor escucharía la música de la emisora cuya calcomanía exhibía en su vidrio posterior? Era de noche y allí estaba el fotógrafo, testigo silencioso a la espera de una escena que capturara su atención, hasta que la circunstancia llegó. La cámara fue su ojo. Se conjugó, como siempre en la fotografía, el triunfo sobre el tiempo.
La ciudad y su movimiento, la noche y sus personajes, todo estaba a la espera de que Ricardo Jiménez (Caracas, Venezuela, 1951-2024) lo alcanzara, lo hiciera suyo, en ese juego de dejar ir el tiempo y, paralelamente, aprehender detalles de lo que había acontecido en él.
El curador español Horacio Fernández, en “Fotos desde el auto”, el texto introductorio del PHotoBolsillo Ricardo Jiménez (La Fábrica y El Archivo, 2017), escribe:
«En la ciudad de Ricardo Jiménez no hay nada más que ver que lo que se puede ver desde el carro: un sinfín de autopistas (…) Ríos caudalosos de automóviles atrapados cada mañana en una corriente monumental que no se acaba hasta la noche (…) La riqueza que transforma a los ciudadanos en okupas de sus coches, centauros sobre ruedas condenados a errar…»[1]
De aquella “condena” de tránsito perenne, identificó Jiménez una poética de la modernidad. La prisa o la espera, la soledad o la compañía; las cercas de zinc o las montañas sosiegas: la dualidad vital tuvo en el fotógrafo su relator en una sinfonía de imágenes cautivas en los blancos, negros, «y los grises de los sueños y de la noche», como también escribiera Fernández.
La fotografía que enmarca el mes de septiembre del calendario 2026, editado por El Archivo, Cámara en mano. Fotografía de calle. Antología de maestros en Venezuela, pertenece a su serie “Desde el carro”, provocadora por su actualidad que, en no pocas imágenes, deja ver el volante del auto que manejaba, la ventana que le servía de mirilla, el espejo retrovisor externo o interno que le anunciaba lo que venía detrás, lo que dejaba y que eran puntos referenciales de su imagen.
La trayectoria de Ricardo Jiménez comenzó cuando estudiaba Psicología en la Universidad Central de Venezuela. Sus cursos iniciales en 1975 fueron con el fotógrafo Alexis Pérez-Luna (Caracas, Venezuela, 1949). En 1977 viajó a Inglaterra para estudiar en el Sir John Cass School of Art, y en la Escuela de Arte y Diseño de Bournemouth y Poole, donde obtuvo su diploma en Fotografía. Su trabajo de documentalismo y paisajes, tuvo el lenguaje propio de un maestro, de un autor que exploró de igual forma, la fotografía publicitaria y editorial junto a su colega Ricardo Gómez Pérez —Ricar2 fue el sello que conjugaba la dupla—.
Algunas de sus series fotográficas más emblemáticas son La Noche, Desde el carro, El Ávila es azul, La sombra del apostador. El Archivo guarda en su colección algunas de esas invaluables fotografías.
Laura Morales Balza, fotógrafa y diseñadora, en su texto Dejar partir, dedicado a Ricardo Jiménez, desentraña las emociones que inundan al espectador frente al trabajo de Jiménez:
«Aun en este tiempo apresurado, la mirada de Ricardo Jiménez nos deja delante de combustiones apegadas a lo real. Símbolos del camino citadino o rural que son capaces de articular, con quien mira, desde un vocabulario familiar —y posible— para nuestro interior.»[2]
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La periodista Inger Pedreáñez, a propósito del Último viaje de Jiménez, acaecido en agosto del año 2024, escribió:
«Decía Ricardo que toda fotografía es un autorretrato, incluso cuando retrataba a un personaje. Y la pausa, la meditación, el silencio se hacen profundos en sus fotografías. Lo curioso sólo se hace visible cuando el alma está en calma. Así son sus obras.»[3]
Así era Ricardo Jiménez… así es esta imagen, que forma parte de la serie “Desde el carro”.
La portada del mes de septiembre del calendario Cámara en mano. Fotografía de calle. Maestros en Venezuela, invita a pasear por aquella noche en que el fotógrafo, detrás de un autobús, capturó la mano acariciante que asoma del último asiento del vehículo en una ciudad despierta, con luces visibles de un lado de la imagen y sombras perceptibles en el otro… metáfora de la existencia, sin duda, expresión de la poesía que acompañó el trabajo y la presencia de Ricardo Jiménez.
[1] Fernández, Horacio. (2017). “Ricardo Jiménez: Fotos desde el auto”. En: PHotoBolsillo Ricardo Jiménez. La Fábrica y Archivo Fotografía Urbana. https://elarchivo.org/ricardo-jimenez-fotos-desde-el-auto/
[2] Morales Balza, Laura. (2024, octubre 10). Dejar partir. https://elarchivo.org/dejar-partir/
[3] Pedreáñez, Inger. (2024, septiembre 3). Ricardo Jiménez – Último viaje. Revista Estilo. https://revistaestilo.org/2024/09/03/ricardo-jimenez-ultimo-viaje/
