A un mes de la partida física del fotógrafo y artista venezolano Nelson Garrido (1952-2026), compartimos un breve texto del periodista venezolano Hugo Prieto, publicado en su blog a manera de homenaje al creador visual.
La lucha entre el individuo y el poder es la única guerra eterna que conozco. Su entorno, en sociedades abiertas, es un equilibrio inestable; mientras que en sociedades cerradas es la represión, el destierro y la muerte. La historia de Venezuela navega escorada en la tiranía, aunque la llama de la libertad no se ha apagado del todo. Nos movemos, entre una cosa y la otra, sobre el balancín de un pozo de petróleo, al menos desde el primer cuarto del siglo XX.
El arte, más que la política, ha sido la lámpara que nos ha alumbrado el camino que nos ha tocado en suerte. En el breve período de la democracia, vivimos ese equilibrio inestable con la desmesura de un ser que se despierta luego de un largo invierno. La creación del Inciba, la Biblioteca Ayacucho, el Sistema de Orquestas, el Grupo Rajatabla, el Grupo Actoral 80 y su figura icónica, Juan Carlos Gené. La librería Cruz del Sur y un circuito de galerías de arte privado que irrumpió con fuerza en la plástica latinoamericana.
A los venezolanos nos gusta el azar, en sus más variadas expresiones: la pelea de gallos, las barajas, el 5 y 6, el Loto y la lotería, los casinos legales y clandestinos. En fin… Espera que gane tu caballito, espera que salga tu numerito. Y así fue como nos anotamos a ganador en 1998, con un outsider, un ilustre desconocido, un vicario del mientras tanto y el por si acaso la frase con la que Cabrujas definió nuestra actitud ante la vida.
Lo perdimos todo para meternos en este laberinto, en esta Torre de Babel, en esta bipolaridad sin medicación. Vivimos en ese estado de euforia y apaciguamiento. Desconectados de la política. Encarcelados en la mediocridad y el inmovilismo. Y aún así, el Estado con visos totalitarios que el chavismo implantó para someter a la sociedad, no ha podido doblegar a los hombres y mujeres que llevan la lumbre que algún día irradiará luz en las sombras. Uno de esos hombres fue Nelson Garrido. La casa de su abuela materna funcionó sin nombre, sin denominación comercial o institucional. Todos la conocíamos como la ONG (Organización Nelson Garrido), en una ocasión lo entrevisté para Ultimas Noticias. Inclinado al anarquismo, ferviente defensor de la libertad individual, fotógrafo y maestro de fotógrafos. En el transcurso de la conversación hablamos de política. Ni de este lado ni del otro. No me dio oportunidad para preguntarle si era nini. Su mirada era una mezcla de burla e indiferencia. Nelson era la cara del antipoder. A nadie le tenía que decir que sí. Frente a sus alumnos, el desafío, el reto, era una constante. “Imagínense que viene a Venezuela un curador japonés y tú tienes que mostrarle siete fotos de tu trabajo que quieres exponer. ¿Cuáles elegirías? En la duda hay una síntesis del proceso creativo. Nelson, quien acaba de fallecer, se definía como un agitador cultural, un provocador como decía su tarjeta de presentación. La ONG era el espacio de los que no tenían espacio. Y si alguien quería montar una exposición, que fueron muchas, y demoler una pared, lo podía hacer, siempre y cuando la volviera a levantar. Todo lo tenía que dejar como lo había encontrado. Esa era su única condición. A ver si quieres ser tú. Y punto.
Momento en el que Nelson Garrido, revisando una caja de discos de vinil en compañía de Hugo Prieto, encuentra un ejemplar del último disco grabado en estudio de la agrupación venezolana Sentimiento Muerto, cuya portada es una fotografía suya: Rintintin después del ataque comanche. Esto ocurrió durante un tributo al punk venezolano, evento producido por Provea y RedesAyuda, en el año 2019: Fotosecuencia © Inger Pedreáñez


