En el marco de la celebración del Día International de la Mujer, desde El Archivo publicamos un portafolio de la fotógrafa y editora venezolana Lisbeth Salas, que reúne una sucinta muestra de su trabajo de retratos realizado desde la década de los noventa hasta el presente, acompañado de un texto de la investigadora Thelma Carvallo.
Lisbeth Salas (Caracas, Venezuela, 1971) fotógrafa venezolana radicada desde hace tres décadas en España, formada por los maestros Nelson Garrido y la dupla Ricar-2 (Ricardo Gómez Pérez y Ricardo Jiménez †) en su ciudad natal, ha puesto el foco fundamentalmente en el retrato, formato que le ha permitido, desde la década de 1990, sistematizar la memoria cultural como un ceremonial de experiencias compartidas. Esta serie de veinte (20) mujeres vinculadas con Venezuela, no sólo las revela como figuras estelares, sino que apunta a resguardar ese vértice femenino del hacer.
Cada retrato es una construcción que vincula la figura con el contexto y en ese recuento memorioso, desnuda particulares códigos testimoniales. Lisbeth Salas amplía las posibilidades visibles que caracterizan a cada una de ellas con numerosos recursos, desde elementos rítmicos del entorno, el vacío, la reliquia, hasta la escala de grises, encuadres y posturas. En algunos casos un fondo neutro logra exaltar presencias más volátiles, en otros, la atmósfera climática del momento fotográfico puede suavizar una figura más solemne. Con estos elementos busca definir el tejido intelectual que representan constituido por la literatura, la gerencia cultural, el cine, las artes visuales, el periodismo y la antropología.
Sin duda, las esferas de nuestro medio cultural, sea en la diáspora o en suelo propio, han sido moldeadas por ellas que reclaman deudas históricas, construyen crónicas contemporáneas, mitigan la soledad social, recuentan nuestro pasado, denuncian, fortalecen un patrimonio o bien reconquistan las manifestaciones estéticas. Con este repertorio, Lisbeth Salas nos está dando una clave común a la feminidad cultural de este país y su discurso fundacional, donde lo creativo no se muestra altisonante ni ambivalente, porque ha sabido traducir el arraigo identitario a pesar de las fracturas.



















